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Controversia Entre Contadores y Casinos
por Delores Perry
Llegarán los tiempos en que a un jugador de blackjack le sea prohibido jugar en los casinos de Nevada a menos que prometa no contar las cartas? Parece que el tiempo ya llegó.
Evidencia: J.R. estaba jugando en el Hotel-Casino Frontier, cuando se le acercaron dos guardias de seguridad quienes le ordenaron que abandonara el juego inmediatamente. Después de escuchar esto, un jugador en la mesa le preguntó al jefe de piso, "Porqué arrestaron a ese hombre?" El jefe de piso contestó, "Por hacer trampa." "Pero cómo esaba haciendo trampa?" el jugador perplejo quería saber. "El estaba jugando tal como yo lo hacía." El jefe le contestó inteligentemente. "Ese hombre es un estafador. Ha sido echado de todos los casinos en la ciudad."
Los guardias agarraron a J.R. y le informaron que estaba siendo expulsado. Lo escoltaron hasta la caja, lo forzaron a que pagara, y luego lo echaron del casino y afuera de la puerta principal del casino le leyeron a J.R. el estatuto de infringir la entrada y le dijeron que si alguna vez regresaba, lo arrestarían por transgresión criminal y lo meterían a la cárcel. Se cree que la foto de J.R. está en el album de rufianes de Griffin, donde es identificado como un contador de cartas. En poco tiempo de juego relativamente en el Frontier, perdió seiscientos dólares. J.R. es de mediana edad, empresario semi-retirado sin antecedentes criminales.
Evidencia: H.T. ha sido corrido de la mayoría de los hoteles en Las Vegas porque es un contador de cartas. En una ocasión sus ganancias fueron mantenidas en una caja fuerte del casino por tres días. El Panel de Control de Juego tuvo que ordenarle al casino que le pagara a H.T. su dinero. En otra ocasión H.T. estaba en el Hotel Sands, cuando agentes de Griffin y guardias de seguridad del Sands, le pidieron que abandonara el juego de blackjack.
Lo llevaron a un cuarto a la fuerza, lo revisaron, cuestionaron, y fotografiaron. Llamaron a la policía de la ciudad. Llegaron dos oficiales, interrogaron a H.T., y dijeron que no había motivos para arrestarlo. Pero esto no fué suficiente para uno de los agentes de Griffin, quien estaba enfurecido por el hecho de que soltaran a H.T. El insistió en que arrestaran al ciudadano. H.T. fué esposado y llevado a la cárcel, con cargos de conducta desordenada. La fianza le costó doscientos cincuenta dólares. Cuando H.T. apareció en su juicio, seis meses después, le informaron que todos los cargos habían sido retirados. En casi todos los arrestos de este tipo, se retiran los cargos, o la oficina de D.A., conociendo la naturaleza del arresto, se rehusa a procesar.
Evidencia: B.L., un conocido contador de cartas, fué arrastrado a un cuarto trasero y retenido en contra de su voluntad por dos horas y media, lo revisaron, cacheteado continuamente, interrogado, amenazado y fotografiado. Entonces le ordenaron que desocupara el hotel (no solo era un huésped en el hotel, sino, de hecho, un huésped "consentido" del hotel), que pagara lo que debía, y que nunca regresara. Después del incidente, a B.L. le negaron el serivicio en varios hoteles vecinos, su línea de crédito fué retirada, y lo siguieron, lo acosaron y fué tratado como una persona non-grata, aparentemente como un resultado del conocimiento del incidente en el primer hotel, el MGM Grand.
Evidencia: A.K. fué abordado en una mesa de blackjack y le dijeron, "No queremos su acción." "Porqué?" preguntó, "He hecho algo malo?" le dijeron que no era por bueno ni por malo, pero que la casa podía escoger a los que quisiera repartir cartas. Luego le informaron que el casino es un establecimiento privado y que estaba infringiendo la entrada desde ese momento y sería arrestado si no se iba inmediatamente. En ese momento dos guardias uniformados vinieron con una orden del jefe. Uno le informó a A.K. que habían llamado a la policía y estaban en camino. Minutos más tarde, tres policías uniformados entraron y preguntaron a los guardias si ese era el hombre que querían que arrestaran. A.K. intentó explicar a los oficiales lo que estaba pasando, pero no lo escuchaban. El preguntó los nombres de los policías y uno contestó, "Lo tendrás en tu expediente." Entonces el policía les preguntó a los guardias si querían que arrestaran a A.K. "Sí, si no se va inmediatamente," replicó uno de los guardias. Viendo que no tenía forma de defenderse él mismo, A.K. se fué. Una vez afuera, esperó a que salieran los oficiales. De nuevo intentó discutir el incidente con ellos. Pero no quisieron escuchar, al contrario, le dijeron que si tenía alguna queja, tenía que mandarla a la Comisión de Juego.
Tres días después, A.K. fué a otro casino bajo el mismo nombre de propiedad (Del Webb Corporation). Antes de que el croupier pudiera repartir las cartas, el jefe llegó a parar la jugada. "Eso es todo. No puede jugar," le dijo a A.K. Cuando A.K. preguntó porqué no, le dijeron, "Porque usted es un contador de cartas." A.K. pidió que llamaran a los guardias de seguridad porque quería una explicación adecuada. Aparecieron dos guardias, y en lugar de recibir una explicación, fué físicamente levantado de la silla y sacado a la fuerza del casino. Le leyeron la Ley de Intrusión del estado de Nevada y le dijeron que sería arrestado si alguna vez regresaba a las premisas.
Esto es solo una muestra del trato a los jugadores de blackjack encontrados en algunos casinos de Nevada. Todos los ejemplos son reales y fueron extraídos de los archivos de American Civil Liberties Union y registros de la corte.
La última queja de las más de cincuenta que se han registrado con la ACLU por los jugadores de blackjack acosados, la puso Mark Estes, un joven de veintinueve años de la Universidad de Nevada, graduado en Administración de Empresas en Las Vegas. El 12 de Noviembre de 1976, Estes fué arrestado por entrar ilegalmente al Hotel Las Vegas Hilton (estos cargos luego fueron retirados) y amenazado de que "lo llevarían al desierto y le harían un hoyo en la cabeza" si una vez regresaba al hotel.
Con los antecedentes de ACLU, Estes empezó una demanda de acción en contra el Hotel Hilton, el Departamento de Policía de Las Vegas, la Comisión de Juego de Nevada, y el Panel de Control de Juego, reclamando que no hay absolutamente nada ilegal en la práctica del conteo de cartas. La queja asentaba que "cualquier jugador competente de blackjack, contaría las cartas para poder aumentar, si era posible, sus posibilidades de ganar".
La queja también asentaba, refiriéndose a Las Vegas Hilton, que "dicho casino no se hacía inmune contra los ganadores potenciales, permitiendo jugar sólo a aquellas personas que tienen más seguridad de perder." Se le pidió a la corte que declarara que dicha exclusión, ejecución, y/o arresto solamente en terrenos del conteo de cartas, violaba la Décimocuarta Enmienda, del derecho de igualar el disfrute y la protección de las leyes, debido al proceso de las leyes, y el derecho al máximo e igualdad en el disfrute de una servicio público.
Stephen Pevar, abogado regional para el ACLU, defendió a Estes en su demanda, argumentando que cuando el hotel abrió sus puertas al público, la Decimocuarta Enmienda aseguraba acceso igual para aquellos quienes lo usaran. "Los hoteles anunciaron sus facilidades en otras ciudades, invitando al público de Nevada a que formaran parte del juego. Pero aquellos que aceptaron la invitación no tenían el derecho tanto de ganar como de perder?" Preguntó a la corte.
Aparentemente el Juez de Distrito Joseph Pavlikowski piensa todo lo contrario, porque el 22 de Septiembre de 1977, declaró el fallo en contra de Estes con los fundamentos de que no hay derecho federal constitucional para jugar cartas. Lo que es más, no hay nada en la Constitución de Nevada que garantice a los jugadores de blackjack un derecho de contar cartas.
Esta batalla entre jugadores que cuentan cartas y la industria del casino, cuyos propósitos en base a que los contadores toman un juego al azar y lo vuelven un juego de habilidad, ha estado apostando por años. Los dueños de hoteles mantienen esto en virtud de los doscientos años del Acto de Intrusión de Nevada, una ley que originalmente fue diseñada para mantener alejados a los cazadores de ganado de los ranchos de Nevada, y el artículo 463.151 de los Estatutos Revisados de Nevada, la ley quería primariamente alejar a los Mafiosos de frecuentar los Casinos de Nevada, tienen el derecho legal de excluir a ciertos individuos a quienes ellos designen como "hostiles" para el negocio del juego y hoy en día, estos son los contadores.
Los contadores argumentan que no hay nada ilegal en poder usar sus cerebros para recordar las cartas jugadas, o en hacer sus mayores apuestas cuando hay ventajas, y por esto, debería de serles permitido jugar en cualquier otro de los casinos.
El fervor para eliminar, al contador de la escena del juego ganó ímpetu en 1961 cuando un profesor de universidad, de nombre Dr. Edward O. Thorp, refinó una estrategia básica para jugar el blackjack, la que publicó en un libro titulado Beat The Dealer. A través de los años, aparecieron muchos otros sistemas de habilidad en conteo de cartas/dinero, todos pretendiendo enseñar a los fervientes jugadores de blackjack a improvisar sus posibilidades de ganar. Pero mientras los jugadores estaban aprendiendo las estrategias de conteo, la gerencia del casino también estaban ocupados desarrollando estrategias por su cuenta para derrotar a los contadores.
Uno de los primeros métodos que idearon los jefes para contrarrestar al cliente que cuenta, era tener un croupier extra en cada mesa para re-barajar las cartas después de cada mano repartida. Este truco sólo duró poco tiempo, la gerencia fué bombardeada con protestas de jugadores enojados. En 1964, los casinos trataron de publicar una nueva regla para los jugadores de blackjack, de que podían doblar solamente en un once. Esta táctica también desapareció casi tan rápido como había salido.
Luego los casinos salieron con un recurso que creían que desanimaría a los contadores una vez por todas: el zapato. Es una pieza tipo caja, diseñada para guardar múltiples mazos de cartas. Pero pronto, se desarrollaron estrategias para contar dos y cuatro mazos. Además, los jugadores desarrollaron un método de equipo para derrotar el zapato de cuatro mazos. Frecuentemente, cuando uno de estos zapatos se vuelve favorable, se queda así, por un periodo de tiempo relativamente largo. En un juego de equipo, cada miembro juega apuestas bajas en diferentes mesas en un casino. Los zapatos son contados y cuando uno se vuelve favorable, para el "gran apostador" designado por el grupo se le hace una señal para que vaya a la mesa. Entonces se mete en el juego en el momento adecuado en un nivel de altas apuestas.
Mientras tanto, a veces algunos de los jefes de piso más controvertidos han ideado sus propios métodos para lidiar con el contador. A veces el jefe ordena al croupier que cambie la denominación de las fichas que está jugando el contador con la intención de mantener el juego el más tiempo posible, suficiente para distraer su concentración. O se pararía a mitad del foso echándole mal de ojo al contador, deseando amilanarlo para que recogiera sus fichas y las cambiara. De vez en cuando, un jefe murmuraría al croupier que "quebrara el mazo" en una mesa donde estuviera jugando un contador.
El Hotel Dunes, en su última movida para contrarrestar al contador, ha reemplazado casi todos de sus juegos de uno y dos mazos por un zapato de cinco mazos. El Hotel Aladdin tiene zapatos de seis mazos. El Caesars Palace ha cambiado a un zapato de seis mazos con la carta límite a uno y medio mazos del final. El Money Tree, un casino pequeño a cuadra y media del Strip, reparte un zapato de siete mazos para eliminar problemas con los contadores.
En los esfuerzos más determinados de todos para protegerse contra el fenómeno contador, el Hotel-Casino Las Vegas Hilton ha establecido públicamente su política acerca de los contadores. En cada una de sus mesas de blackjack, impreso visiblemente en un letrero que designa las apuestas mínimas de una mesa, es una noticia que dice:
EL CASINO SE RESERVA EL DERECHO
DE EXCLUIR A CUALQUIER PERSONA
QUE SE CREA QUE ESTÉ USANDO
CUALQUIER FORMA DE
SEÑALAMIENTO O
CONTEO DE CARTAS.
En este punto, los hoteles no tienen mucho que temer porque el conteo no es un simple esquema de volverse rico, que cualquiera pueda dominar. Toma interminables horas de práctica, buena concentración y habilidad matemática, y estricta disciplina propia para dominar un sistema de conteo.
De hecho, los hoteles están obteniendo un beneficio de la fiebre del conteo. Por el interés en el conteo, más personas que nunca antes, están jugando blackjack. Hombres que vociferaban en la mesa de dados, ahora se sientan silenciosamente en la mesa del blackjack, calculando mentalmente la repartición de las cartas. Incluso mujeres, que eran relegadas a las máquinas de monedas, se han vuelto en ávidas posibles contadoras.
Como lo dijo uno de los ejecutivos del casino Dunes quien contribuyó a expulsar a Ken Uston de las premisas, "bueno, en la actualidad, todos los que juegan 21 o blackjack se consideran ellos mismos como contadores contadores excelentes. "Y son los contadores "excelentes", como Mark Estes, -quien terminó con un perdedor de cuatrocientos dólares después de un juego de un año en Las Vegas Hilton-, quienes están ayudando a mantener verde Nevada.
Pero para aquellos que son capaces de dominar una estrategia de conteo, las ventajas pueden ser altas. Uston, quien ahora da lecciones de conteo, afirma que la probabilidad de su equipo de jugadores gane treinta mil dólares en diez días o menos, es 2 de 3. Estima que su grupo ha ganado más de un millón de dólares de los casinos de Las Vegas en un periodo de un año.
Lo que pasa cuando un contador del calibre de Uston se sienta a jugar blackjack, es que el cinco o seis porciento que siempre ha sido el de la casa en un juego de blackjack, se cambia a un porcentaje a favor del jugador.
Por ejemplo, Lawrence Revere establece su Conteo de Puntos Avanzado, en un juego de un solo mazo con una apuesta fija, lo que significa que apuestas la misma cantidad todo el tiempo, le da al jugador una ventaja de 3.2 porciento. Sin embargo, Julian Braun y los profesores Thorp, Griffin, y Schneider refutaron sus estadísticas en una presentación en la Segunda Conferencia Annual del Juego en Lake Tahoe en Junio de 1975, donde dijeron que el porcentaje correcto no era el 3.2, sino .8. Sin embargo, el porcentaje todavía está a favor del jugador sobre la casa.
La estrategia de conteo Reppert Running, jugada bajo las mismas condiciones, se supone que produce una ventaja del 1.93 porciento a favor del jugador. La escuela Winning Blackjack de Stanley Roberts, establece que su estrategia da a los jugadores una aún mejor que esa.
Pero cuántos jugadores hay ahora que han dominado una estrategia y pueden vencer al casino por más de ciento cincuenta mil al año? Parece que nadie está de acuerdo en este punto. Un jefe de casino, quien ha estado en el negocio por más de cincuenta y siete años, estima que hay menos de cincuenta expertos en todo los Estados Unidos. Otro ejecutivo del Strip, afirma que por lo menos dos de cada cien jugadores cuentan lo suficientemente bien para ser sacados de su casino. John Luckman, viejo jefe de piso y ahora dueño del Gambler´s Book Club en Las Vegas, reporta que "probablemente hay doscientos contadores realmente buenos en el Strip, todo el tiempo."
Pero lo que tiene nerviosos a los ejecutivos de los casinos, no es tanto cuántos contadores existan, que puedan ganar un juego de blackjack. Mejor dicho, es el conocimiento de que para un buen contador, es posible ganar un juego. Las estadísticas del Panel de Control del Juego, revelan que por los primeros tres meses de 1977, los casinos en el Condado Clark (Las Vegas), ganaron cerca de 248 millones de dólares, arriba del veinte porciento del año pasado en el mismo periodo. Pero cuánto tiempo durarían estas ganancias, si los casinos les abrieron las puertas a los contadores? Tal vez hoy en día sólo exista un Uston… pero qué tal mañana, el mes que entra, o el próximo año? Después de todo, si él puede hacerlo, también otros pueden. Nerviosos, los dueños de casinos, ven un futuro donde los sindicatos de contadores con grandes cuentas bancarias convergen Las Vegas en masa.
Y no son los únicos preocupados. Si se ve afectada la industria del juego en Nevada, también lo serán otras personas, puesto que el 61.5 porciento de la fuerza laboral en Nevada, depende del juego para subsistir. Lo que es más, los salarios de cada juez, miembros de la Comisión de Juego y Gambling Control Board, policías y todos los otros oficiales públicos, vienen en gran parte de los impuestos generados por las ganancias del juego.
Sorprende entonces que nadie quiera hacer olas? Es más sano para aquellos que podrían hacer algo sobre la situación de conteo voltear la mirada hacia otra parte. El Sheriff Ralph Lamb en un interrogatorio hecho el 14 de Marzo de 1977, en referencia al caso de Estes, negó incluso tener conocimiento de los contadores de cartas que fueron sacados de Las Vegas Hilton. "No," dijo, "Nunca he sabido de la práctica y no creo en eso." Este es un argumento curioso, por el hecho de que sus propios oficiales son los que son llamados por los hoteles para arrestar a los contadores. Además de eso, regresando a los setentas, Jimmy Newman, el gerente del Casino Hilton, admitió en un afidávit (Peter v. Kerkorian et al.) que su gente "expulsa cuatro o cinco contadores a la semana."
También el Panel de Control del Juego y la Comisión de Juego, quienes regulan todo desde las licencias de los casinos hasta la inspección de las premisas de los mismos, no quieren verse envueltos en la controversia del conteo. No es su función supervisar esta "alegada" actividad contra los contadores, dijeron.
El ACLU de Stephen Pevar, ha dicho que apelarán el caso de Estes, pero tiene pocas esperanzas de ganar. Ese viejo proverbio "No puedes pelear con el ayuntamiento" significa, en Nevada, que no puedes pelear contra los casinos. Tienen demasiado poder.
Pronto se tendrá que hacer algo para terminar con este lío entre contadores y los casinos. Ciertamente los hoteles tienen su razones. También los contadores. Pero hay una tercera parte que inocentemente se ve envuelta en esta pelea, los millones de jugadores de blackjack no-profesionales que pasan por Nevada cada año, completamente inconscientes de lo que está pasando.
A como está ahorita, todo el que juega blackjack está a merced de algunos jefes de piso que no reconocerían a un contador del hombre de la luna. No hay mucha gente calificada trabajando en el piso, que tenga conocimiento de las diferentes estrategias de conteo. Además, para poder estar seguro de que un jugador está en efecto contando, el jefe debe contar el mazo desde el principio, junto con el jugador. Esto es imposible en un casino muy ocupado, donde cada jefe debe vigilar tres o cuatro juegos simultáneamente. Lo que puede pasar, y no sucede, es que un jefe dé un vistazo en una mesa, vea a un jugador ganar y que no esté apostando de ninguna forma ortodoxa, y de inmediato asumirá que el jugador está contando. Y ya sabe lo que pasa después. Se deja a la astucia de algunos jefes de piso descarados, en estos días, cualquiera que juegue blackjack puede terminar siendo humillado, avergonzado, e incluso acosado.
Aunque es poco probable que se resuelva en una corte de Ley en Nevada, esta batalla entre los contadores de cartas y los casinos debe lidiarse de alguna forma. Y pronto. Antes de que mucha gente termine como Mark Estes… un perdedor en más de una formas.
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